Un piso con vistas al parque

Nunca entendí porque Alberto alquiló aquel piso-sótano. Es verdad que trabajaba por la noche y no iba a disfrutar mucho de las horas de sol. Dormía por el día y trabajaba por la noche, como los vampiros, como a él le gustaba decir. Cuando algún fin de semana le visitaba me encontraba prácticamente a oscuras a las cinco de la tarde en pleno agosto.

Por aquellos tiempos, Alberto valoraba más la zona en la que estaba el piso que el piso en sí mismo. Le encantaba el barrio porque desde que llegó a la ciudad, siempre quiso vivir ahí. Los primeros dos años tuvo que estar en el extrarradio, pero en cuanto ahorró un poco de dinero buscó piso en el centro. Encontró una urbanización que le gustó, pero los precios eran excesivos. Entonces vio un anuncio de uno de los pisos situados en el sótano. ¿El problema? La única ventana de la casa daba a un patio muy oscuro.

Tras varios años en el zulo, como lo llamábamos cariñosamente, ha decidido cambiar de aires. ¡Y menudo cambio! Encontró una ganga en el barrio que tanto le gusta. Es un cuarto con unas vistas increíbles. Cuando lo vi con sus techos transparentes para terrazas, su mesita y sus sillas para tomar algo al fresco aluciné. Le pregunté que a qué se debía este cambio, que si ya no le daba igual lo de la ‘oscuridad’ y me respondió con una sonrisa: “me apetecía volver a ver la luz del sol”.

La casa de mi amigo el ex vampiro me ha dado ideas para mi propia casa. Yo también tengo una terraza con vistas a un parque, pero no tan espectaculares como la suyas, eso está claro. Hasta ahora no habíamos sacado suficiente partido a esta zona de la casa. Lo utilizamos más bien para almacenar algunos enseres y poner las bicicletas.

Los techos transparentes para terrazas de la casa de Alberto me han dado algunas ideas. Si quitamos las cajas y guardamos las bicis en otra parte, colocamos una mesa y unas sillas en condiciones, puede ser un lugar perfecto para tomar el aire… y el sol.

¿Puede la bebida de avena sustituir a la leche en todas las recetas?

Las personas con intolerancia a la proteína de la leche o que han optado por un estilo de vida vegano ven en la leche de avena una alternativa muy saludable a la leche de vaca. Esto permite poder tomar un café, un vaso de cacao caliente o unos cereales con total normalidad.

Pero cuando se sufre una intolerancia de este tipo lo normal es que la persona se acostumbre a cocinar muchas de las cosas que come porque no hay demasiadas alternativas en el mercado: galletas, magdalenas o bizcochos sin leche empiezan a verse en algunas estanterías, pero siguen siendo muy minoritarios, especialmente si quieren hacerse también sin huevo.

La bebida de avena es quizás la que mejor se adapta y mejor sustituye a la leche de vaca en todas las recetas que se pueden encontrar en Internet. Su sabor es diferente, pero al contrario que otras bebidas vegetales no es demasiado aguada, lo que hace que acabe sabiendo demasiado a las harinas y tampoco tiene un sabor excesivamente fuerte que termine protagonizando en exceso lo que se ha cocinado.

Evidentemente, hay que acostumbrarse al sabor de la bebida de avena, pero tiene la ventaja de que, en la mayoría de las recetas, puede sustituirse la leche por la avena sin problemas, en la misma proporción y sin variar la cantidad de harina ni de azúcar que se tenga que añadir.

La bebida de avena es dulce, por eso algunas personas rebajan un poco la cantidad de azúcar de la receta. Pero otros no notan esta diferencia hasta el punto de tener que variar las cantidades usadas. En cualquier caso, siempre es cuestión de ir probando y de realizar las variaciones que se vean necesarias en el segundo intento. Así, se encontrará el punto justo de sabor.

En lo que se refiere a los valores nutricionales son similares a los de la leche semidesnatada, aunque la leche tiene más proteínas y menos hidratos de carbono. La leche de avena, a cambio, tiene menos grasa y por tanto también tiene menos calorías. En general, una persona no va a notar demasiado el cambio de una leche a otra en lo que se refiere a sus valores y tampoco hace los postres significativamente más ligeros porque la diferencia es de tan solo diez calorías cada cien mililitros de producto.