Regalar algo a la persona que amas nunca es una tarea sencilla. Con mi prometida siempre he sentido la presión de encontrar ese detalle que no solo le guste, sino que también hable de lo que siento por ella. Esta vez, quería sorprenderla con un gesto especial, algo más íntimo que un ramo de flores o una cena romántica. Después de darle muchas vueltas, me decidí: unos pendientes.
La elección no fue improvisada. Ella siempre ha tenido un gusto delicado por los complementos. No necesita demasiados, pero sabe cómo elegir una pieza que encaje con su estilo y resalte su manera de ser. Yo, por mi parte, me sentía un poco torpe entrando en joyerías, observando vitrinas llenas de brillos que parecían juzgarme mientras trataba de decidir.
Al final, encontré unos pendientes de mujer Vigo sencillos pero elegantes: un diseño pequeño, con un toque de luz que sabía que le encantaría. No buscaba ostentación, sino algo que pudiera llevar tanto en su día a día como en ocasiones especiales. Lo que realmente quería era que, cada vez que se los pusiera, recordara que habían sido escogidos pensando únicamente en ella.
El momento de entregárselos fue casi tan emocionante como cuando le pedí matrimonio. Habíamos quedado en casa, sin planes extraordinarios, solo una tarde tranquila después del trabajo. Saqué la pequeña caja de terciopelo de mi bolsillo y se la entregué sin decir demasiado, solo con una sonrisa nerviosa. Ella me miró intrigada, abrió la cajita y, cuando vio los pendientes, sus ojos brillaron más que cualquier joya.
Lo que me conmovió no fue solo su emoción, sino la forma en que enseguida se los puso frente al espejo, como si quisiera hacerme partícipe de lo bien que le quedaban. Me abrazó con fuerza y me dijo que era el regalo más bonito no por el objeto en sí, sino porque había acertado al pensar en ella.
En ese instante entendí que los pendientes no eran solo un accesorio, sino un símbolo: un pequeño recordatorio de que sigo eligiéndola cada día, con gestos sencillos y con la ilusión intacta. Y aunque nuestra historia se definirá por momentos grandes, como nuestra futura boda, estoy convencido de que son estos detalles los que verdaderamente hacen brillar el camino.