Cuando pensamos en una persona dependiente, solemos imaginarnos a alguien que necesita de los demás para todo en su vida: asearse, comer, moverse o incluso para poder tomar decisiones. Pero en estos casos estamos hablando de una dependencia severa y deberíamos de saber que hay distintos niveles de dependencia.
Las personas dependientes son clasificadas en tres niveles en función de test que aplican los servicios sociales y médicos. Aunque los ejemplos que facilitamos son con personas mayores, la dependencia puede otorgarse también a personas jóvenes:
-Los de Grado I (dependencia moderada) son personas que precisan de ayuda para cosas concretas en su vida. Sería el caso de una persona mayor que puede hacer una vida independiente pero que precisa de ayuda para ducharse.
-Dependientes Grado II (dependencia severa) son personas que necesitan ayuda para varias cosas a lo largo de su día a día, pero no necesitan a un cuidador de forma constante. Imaginemos a la misma persona, pero que por un empeoramiento también precisa que le cocinen y limpien la casa, si bien puede estar sola, moverse por el hogar y dormir sin compañía.
Dentro de cada grado, puede haber variaciones ya que las horquillas son amplias. Donde más se notan es en los dependientes grado II ya que algunos son muy autónomos mientras que otros ya se acercan a la gran dependencia.
Para los dependientes de grado I o II es muy importante poder mantener su autonomía y las ayudas que hay para que esto ocurra son muy útiles. Tener a una persona para que les ayude algunas horas al día para realizar aquellas tareas que no pueden hacer solos es una de ellas. La otra, son dispositivos como el reloj durcal teleasistencia, que permiten que mientras el mayor dependiente está solo tenga una protección en caso de que suceda algo.
-Dependientes Grado III (gran dependencia) son personas que necesitan ayuda durante todo el día. Incluso que no pueden estar sin supervisión. Es el caso de una persona con una demencia o de alguien con un Parkinson avanzado.
Estas personas que necesitan de una supervisión constante no pueden vivir solas y precisan de otro tipo de ayudas, como contar con otras personas para acompañarlas todo el día, ya sean empleados o familiares o bien recurrir a una residencia en la que poder vivir recibiendo las atenciones que precisan.