Desafíos que el turista enfrenta al visitar Santiago de Compostela

La capital gallega ocupa un lugar destacado en el ranking de destinos más turísticos del mundo. Con una colección de monumentos y edificios de indiscutible valor histórico, es lógico que fuera declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en los años ochenta. Pero como ‘meca’ turística, esta ciudad plantea una serie de desafíos al viajero desde el momento de su llegada, al buscar parking Santiago de Compostela.

La peatonalización del casco histórico y las crecientes restricciones a la circulación complican la tarea de estacionar cerca de la Catedral, el Colexio de San Xerome o el Pazo de Raxoi, por citar algunos de sus emblemas. Además de cumplir con ciertos requisitos para acceder en coche, el viajero debe familiarizarse con la zona verde y azul del sistema ORA para evitar recibir una multa de estacionamiento.

En temporada alta, la afluencia de visitantes provoca una gran saturación del centro, aumentando el atractivo de medios de transporte alternativo; por ejemplo, el alquiler de bicicletas eléctricas en Volt Mobility o Tournride. Pero incluso sobre dos ruedas, circular por la Rúa do Vilar y otras calles estrechas puede ser un imposible en agosto.

La masificación turística también está detrás de las colas interminables que se forman en los monumentos con mayor solera. El quid está en planificar esta escapada y reservar previamente la visita a la Catedral compostelana y otros enclaves de gran popularidad.

La previsión también tiene su recompensa al acudir a un restaurante o buscar alojamiento. Las apps de reserva (Tripadvisor, Booking.com, etc.) son el mejor ‘amigo’ del viajero a la hora de comer y de dormir. De lo contrario, debería afrontar largas esperas hasta conseguir una mesa disponible.

 Aunque minoritarios, los problemas de convivencia con los residentes son un riesgo en cualquier metrópolis turística, sin que Santiago de Compostela sea una excepción.

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