Las falsas creencias han acompañado a la psicología desde sus inicios: que la terapia es cosa de débiles, que los ‘loqueros’ se limitan a dar consejos, etcétera. Aunque cada vez menos frecuentes, estos mitos siguen contribuyendo a estigmatizar los problemas de salud mental y a disuadir a sus afectados de seguir tratamientos que les serían beneficiosos.
Los hechos son la mejor forma de combatir la desinformación existente en las distintas ramas y ámbitos de la psicología. La más inofensiva es sin duda la confusión existente entre la psicoterapia y la psicología, referidas a menudo como sinónimos puros. Mientras que la primera es la «ciencia o estudio de la mente y de la conducta en personas o animales», citando el DLE, la psicoterapia se centra más en la parte práctica, el «tratamiento de enfermedades mentales, psicosomáticas y problemas de conducta mediante técnicas psicológicas».
¿Es verdad que la terapia psicológica se reserva a casos extremos? La respuesta es negativa. Los diagnósticos e intervenciones de este tratamiento son útiles tanto para personas con un simple problema de estrés como para otras afectadas por crisis profundas.
Lógicamente, los pacientes de una clínica o centro psicológico no son más débiles que el resto, ni están locos en el sentido peyorativo del término. La OMS estima que casi el cinco por ciento de la población mundial sufre un trastorno de ansiedad. Esta ‘epidemia’ silenciosa podría corregirse si sus víctimas recibieran ayuda profesional y se sometieran a un tratamiento personalizado.
¿Son los psicólogos, unos charlatanes? La percepción de que estos profesionales de la salud mental son meros consejeros es totalmente equivocada. Sus funciones van más allá de dar conversación y favorecer el desahogo de sus pacientes. También ofrecen herramientas para regular las emociones y, en el caso de los psiquiatras, están capacitados para recetar fármacos que mitiguen el malestar y los trastornos de gravedad.